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Caída de Fannie Mae y Freddie Mac

por Ibrahim Warde*
Bóvedas del sistema hipotecario estadounidense
Ibrahim Warde*

Raíz de la tormenta financiera, la crisis de los créditos inmobiliarios tuvo repercusiones inesperadas en Estados Unidos con la “tutela legal” de Fannie Mae y Freddie Mac por parte del Estado. Emblemas de la desmesura financiera, estas dos instituciones cubrían por sí solas un 45% de los préstamos inmobiliarios estadounidenses. Para salvarlos del naufragio, el Tesoro aceptó, a principios de septiembre, inyectarles 200 mil millones de dólares. Una nacionalización gigante que marca un cambio de época y una flagrante heterodoxia para el sagrado credo neoliberal.

Hoy en día, los dueños de las finanzas tienen los fines de semana muy cargados de trabajo: es el momento que eligen para resolver las grandes crisis financieras. Los viernes, apenas cierra Wall Street, los dueños de bancos y grandes financistas se encierran en sesiones maratónicas destinadas a sellar el destino de tal o cual institución. Las decisiones deben tomarse el domingo a la noche, antes de la apertura de las bolsas asiáticas. Luego habrá que esperar el veredicto de los mercados –primero los asiáticos, luego los europeos y, finalmente, el estadounidense– antes de empezar a disertar sobre los ganadores y los perdedores de las grandes maniobras del fin de semana.

El lunes por la mañana, depositantes y contribuyentes descubrirán un planeta financiero transformado. El 15 de septiembre, por ejemplo, se enteran de que, por falta de comprador, Lehman Brothers, el quinto banco de inversión más importante del mundo, declaró la suspensión de pagos; que el Bank of America, con la ayuda de los poderes públicos estadounidenses, absorbe a Merrill Lynch, el gigante bursátil, mientras se prepara el salvataje del American International Group (AIG), la aseguradora más grande del mundo.

Financiar la guerra de Vietnam

El fin de semana anterior había sido igualmente rico en sorpresas. El domingo 7 de septiembre, al final de una semana dominada por la irrupción en la escena política de Sarah Palin, gobernadora de Alaska e inesperada candidata del Partido Republicano a la vicepresidencia, Henry Paulson, secretario del Tesoro estadounidense, anunciaba la intervención por parte del Estado de dos gigantes del crédito hipotecario: la Federal National Mortgage Association (Fannie Mae) y la Federal Home Loan Mortgage Corporation (Freddie Mac). Palin despertó una gran exaltación en el movimiento conservador cuando se enfureció con el gobierno federal, justo en el momento en que este último preparaba la nacionalización más grande de la historia de las finanzas.

El principio del crédito hipotecario “a la americana” se remonta al New Deal (1). En 1938 se creó una agencia federal, la National Mortgage Association of Washington, con el fin de favorecer el acceso de la clase media a la propiedad, y de paso potenciar el mercado de la construcción. Cuando la Federal National Mortgage Association (Fannie Mae), derivada de la anterior, cambió de estatuto y pasó del sector público al privado, ello no se debió precisamente a razones de ideología económica. En realidad, fue Lyndon Johnson quien en 1968 decidió su ingreso en la Bolsa, con vistas a generar fondos destinados a financiar la guerra de Vietnam. Dos años después, con el fin de poner término al monopolio de Fannie Mae, el Congreso decidió crear la Federal Home Loan Mortgage Corporation (Freddie Mac), que empezaría a cotizar en la Bolsa en 1989. En adelante, ambos establecimientos privados gozarían de un estatuto reglamentario especial, el de Government-Sponsored Entities (GES), que les permitiría disponer de una línea de crédito garantizada por el Estado, así como de un financiamiento a tasas preferenciales.

La finalidad de Fannie Mae y Freddie Mac era asegurar la fluidez del mercado del crédito inmobiliario, garantizando los préstamos o comprándoselos a los bancos. Por otra parte, se alentaba el endeudamiento de los particulares, ya que el interés sobre la deuda inmobiliaria era deducible del impuesto sobre la renta. Fannie Mae y Freddie Mac financiaban sus actividades a través de la emisión de títulos conocidos bajo el nombre de Residential Mortgage-Backed Securities (RMBS), cuyo éxito entre los inversores no era ajeno a la percepción de que el gobierno estadounidense, al menos implícitamente, se presentaba como garante.

Su crecimiento, siempre sostenido, se aceleraba a medida que el sistema financiero se desregulaba. En 1990, ambas empresas detentaban 740 mil millones de dólares en créditos. Esta cifra alcanzaría los 1.250 mil millones de dólares en 1995; superaría los 2.000 mil millones en 1999 y los 4.000 mil millones en 2005. En vísperas de su nacionalización, su cartera rondaba los 5.400 mil millones de dólares, o sea el 45% del total de las operaciones de crédito inmobiliario en curso en Estados Unidos. Por otra parte, las dos empresas sostenían, ellas solas, el 97% de los títulos adosados a préstamos hipotecarios. La aceleración del crecimiento se explica por el efecto conjunto de la burbuja inmobiliaria de 2001-2006 y los avances de la ingeniería financiera.

El arquitecto de ese boom inmobiliario –y uno de los partidarios más entusiastas de la innovación financiera– fue sin lugar a dudas Alan Greenspan, el hombre que durante diecinueve años dirigió la Reserva Federal estadounidense (la “Fed”) y a quien los ámbitos financieros, casi unánimemente, bautizaron con el sobrenombre de “maestro” (2). Sus declaraciones sucesivas dieron el tono del pensamiento que dominaría la esfera financiera. En 2002, Greenspan juzgaba que “ninguna política estaba en condiciones de frenar la expansión de una burbuja financiera”, al tiempo que alimentaba la burbuja con su política de rebaja de tasas. En 2004, afirmaba que “una baja severa del mercado inmobiliario era poco probable en Estados Unidos, teniendo en cuenta su envergadura y su diversidad”. En 2005, añadía: “Si el precio de la vivienda llegara a bajar, no habría consecuencias macroeconómicas importantes”. El mismo año opinó que “los instrumentos financieros cada vez más complejos han contribuido al desarrollo de un sistema financiero mucho más flexible, eficaz y sólido que el que existía hace un cuarto de siglo”. En 2006, en vísperas del estallido de la burbuja inmobiliaria, y cuando ya no era el patrón de la Fed, Greenspan consideró que “lo peor de la baja del mercado inmobiliario sin duda ya pasó” (3).

El efecto de tales declaraciones fue un incentivo a la inversión en las acciones y las obligaciones de Fannie Mae y Freddie Mac, que por entonces conocieron un crecimiento y ganancias récord. Sin embargo, esta edad de oro se vio mancillada por una serie de escándalos. En 2004, Fannie Mae fue acusada de alterar sus cuentas con el fin de generar premios más consecuentes. Sus tres mandos más altos tuvieron que renunciar y pagar una multa de 100 millones de dólares. En 2006, Freddie Mac fue condenado a pagar 3,8 millones de dólares por hacer lobby ilegal en provecho de los miembros de la Cámara de representantes encargados de supervisar sus actividades. El estatuto híbrido de ambos gigantes del crédito hipotecario les permitía apostar plenamente a la mezcla de géneros. A pesar de que tenían una misión social –la de permitir que la mayor cantidad posible de gente accediera a la propiedad–, procuraban maximizar las ganancias de sus accionistas y sobre todo las de sus autoridades. Por ejemplo: los sueldos de los dueños de Fannie Mae y Freddie Mac eran del orden de los 70 millones de dólares al año para cada uno.

En efecto, las dos empresas adquirieron una influencia política exorbitante. Se mostraban muy generosas con los miembros del Congreso, de ambos partidos, que no pararon hasta aligerar el “yugo” reglamentario al cual estaban sometidas. Resultado: completa falta de transparencia, mientras se aflojaban las normas prudenciales que teóricamente estaban vigentes.

Paradójicamente, cuando en agosto de 2007 estalló la mentada crisis del subprime, se pensó que Fannie Mae y Freddie Mac quedarían a salvo del ciclón. Su crecimiento se mantenía, y “los mercados” casi no prestaban atención a las anomalías de su funcionamiento. Mientras el número de hogares que ya no podían pagar sus préstamos aumentaba peligrosamente, las agencias de regulación otorgaban nuevas concesiones a los colosos del crédito hipotecario.

El 19 de marzo de 2008 (tres días después del “salvataje” catástrofe del banco Bear Stearns), el Departamento del Tesoro, con el pretexto de mantener a raya la caída del sector inmobiliario y estabilizar los mercados financieros, autorizó a Fannie Mae y Freddie Mac a reducir en un 33% los capitales de los que debían disponer para hacer frente a sus compromisos. Ceguera o desinformación; a quienes veían en ello un paso hacia un reflotamiento público, James Lockhart, regulador de supervisión, respondía: “Un reflotamiento es un disparate. Estas sociedades están sanas y sólidas y seguirán siéndolo”.

Finalmente, la acumulación de las pérdidas dio cuenta de los escenarios optimistas que proponían los analistas financieros (4). Se empezaon a poner bajo la lupa el funcionamiento y las disfunciones del sistema de crédito hipotecario. Y “los mercados” se rindieron a la evidencia: la caída de las acciones subprime de Fannie y Freddie, el aumento del número de prestatarios insolventes, la baja continua del mercado inmobiliario y los temores de una recesión componían un cuadro de tintes preocupantes.

Lamentable pero... necesario

En la urgencia se negoció un plan de salvaguardia del sector inmobiliario entre el Ejecutivo y el Congreso. El Tesoro estaría autorizado a efectuar compras masivas de títulos emitidos por Fannie Mae y Freddie Mac, a concederles préstamos de emergencia e incluso a comprar acciones en nombre del gobierno federal. En contrapartida, se reforzaría el control de los organismos de control. En una audiencia pública, Jim Bunning, senador republicano de Kentucky, interpeló al secretario del Tesoro: “Ayer, cuando abrí el periódico, creí que había despertado en Francia. Pero no: parece que el socialismo reina en Estados Unidos”. El 30 de julio se votó la ley con una mayoría fuerte y enseguida fue promulgada por el presidente George W. Bush.

Sin embargo, la ley resultó ser insuficiente. En doce meses, las pérdidas de Fannie Mae y de Freddie Mac habían alcanzado los 14 mil millones de dólares, mientras las acciones de ambos establecimientos habían perdido más del 90% de su valor. Su necesidad de capitales no dejaba de crecer. Entre otras cosas, había que pagar una deuda de 1,6 billones de dólares, de los cuales 230 mil millones vencían a fines de septiembre. Más grave aun: los bancos centrales de Europa, de Rusia y de Asia amenazaban con dejar de comprar sus títulos (ver recuadro, pág. 8).

Cambio de época

por Martine Bulard*
Poniendo al secretario del Tesoro Henry Paulson bajo el fuego de preguntas (muy respetuosas por cierto) tras la nacionalización de Fannie Mae y Freddie Mac, Business Week (1) lo interroga sobre el número “de llamadas telefónicas del gobierno o del banco central de China (...) durante los últimos dos meses”. O también sobre el hecho de que el gobierno chino le habría dicho: “No les compraremos más nada si no garantizan” los fondos invertidos en los dos gigantes. Obviamente, Paulson desmintió todo tipo de orden por parte de China. Pero tales preguntas marcan el cambio de época. El futuro de Estados Unidos se juega en Pekín, en Tokio e inclusive en Moscú... En efecto, China lleva invertidos 395.900 millones de dólares en Fannie Mae y Freddie Mac; Japón, 228.200 millones; Rusia, 75.300 millones; Corea del Sur, 63.000 millones; Taiwán, 54.900 millones. ♦

1“The Fannie/Freddie Bailout: What’s next”, Business Week, 22-9-08.


*JEFA DE REDACCIÛN ADJUNTA DE LE MONDE DIPLOMATIQUE, PARÌS.

Fue entonces cuando el gobierno estadounidense tomó conciencia de lo inevitable. La quiebra de los dos pilares del sistema hipotecario estadounidense era inconcebible, y su salvataje mediante fondos soberanos de Asia o Medio Oriente era políticamente imposible. Quedaba la opción de la nacionalización pura y simple, aunque la mera palabra, de connotación demasiado negativa, jamás será pronunciada. Se hablará simplemente de colocar “bajo supervisión” (conservatorship). La decisión sería presentada por el secretario del Tesoro como “el mejor medio para proteger a nuestros mercados y a los contribuyentes del riesgo sistémico que plantea la situación financiera actual” y sería saludada tanto por los dirigentes políticos, incluidos los candidatos Barack Obama y John McCain, como por los líderes económicos. Las autoridades de los bancos centrales de Estados Unidos, Europa y Asia anunciaron su alivio. Según Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE), “era una decisión muy importante, y una decisión bienvenida”. En los ámbitos conservadores, donde resulta de buen gusto fustigar al Estado, se diría que la decisión era lamentable, pero necesaria. Algunos no dejarían de recordar que las disfunciones de ambos establecimientos deben atribuirse a su estatuto semipúblico.

Pero los contornos de esta nacionalización que no dice su nombre siguen siendo difusos. ¿Qué sucederá tras el “final de juego” (time out) decretado por Paulson? ¿La creación de una o varias entidades públicas? ¿Una nueva privatización? Las preguntas importantes siguen sin encontrar respuesta y los detalles que podrían preocupar a los contribuyentes (en particular, el costo del reflotamiento) se ven postergados. Un regalo más que el presidente Bush deja a su sucesor. ♦

REFERENCIAS

(1) El New Deal fue un paquete de medidas económicas y sociales que se tomaron en Estados Unidos entre 1933 y 1939, bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt, para remediar los devastadores efectos de la crisis de 1929.
(2) Bob Woodward, Maestro: Greenspan’s Fed and the American Boom, Simon and Schuster, Nueva York, 2000. Ver también Ibrahim Warde, “Alan Greenspan y los cuarenta valores”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, marzo de 2001.
(3) Para comentarios más recientes de Greenspan, ver Alan Greenspan, “Repel the calls to contain competitive markets”, The Financial Times, 4-8-08.
(4) Charles Duhigg, “Fannie Mae Wins Cheers Despite Loss”, The New York Times, 7-5-08.


*PROFESOR ADJUNTO EN LA UNIVERSIDAD TUFTS (MEDFORD, MASSACHUSETTS, ESTADOS UNIDOS). AUTOR DE PROPAGANDE IMPÈRIALE ET GUERRE FINANCIËRE CONTRE LE TERRORISME, AGONE/LE MONDE DIPLOMATIQUE, MARSELLA-PARÌS, 2007.

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