El innecesario daño a la investidura presidencial
Todavía está viva la imagen del entierro del que fuera dos veces presidente de Francia, Francois Mitterrand, cuyo duelo arrastraban en la misma línea su esposa Danielle junto a la hija extramatrimonial de aquél, Mazarine Pingeot, y la madre de ésta, todas con una rosa en la mano y vestidas de riguroso luto. Nadie se había atrevido, ni se atrevió, a faltar el respeto a la investidura presidencial que había encarnado ese notable jefe de Estado. La figura del presidente de la República francesa había quedado indemne después de que el mundo conociera que Mitterrand había mantenido una relación íntima paralela a la oficial.



