El director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, afirma que “el mundo salió de la crisis, salvo por el desempleo”. Pequeño detalle. En Gladstone, como en otras ciudades del mundo, comienzan a sentirse los efectos de la crisis. A tal punto, que sus ciudadanos sólo se preocupan por el porvenir del empleo, dejando en segundo plano la batalla por la protección del medio ambiente y la salud.

Para una conciencia europea, la noción de centro industrial evoca las minas que cierran y el tono gris de las ciudades del Norte. Más modernos, nosotros nos representamos las megalópolis chinas cubiertas de bruma, el éxodo rural, los ríos desbordantes de desechos químicos. Por eso, la llegada a Gladstone, coqueta localidad del Central Queensland bañada de luz, bajo el sol del mediodía, provoca un impacto. Un puerto y una costa marcada por gigantescos complejos industriales. Panorama exprés: en el medio, la ciudad y el puerto; costado norte, las montañas de carbón proveniente del interior de la tierra; costado sur, los silos de granos y la fábrica de cemento. Más al norte, las tres colosales chimeneas de la central eléctrica, desde donde escapa cada año el humo de cuatro millones de toneladas de carbón. Detrás de la Central, a veinte minutos de auto de la ciudad, la zona de Yarwun, que incluye Orica (producción de nitrato de amonio y de cianido de sodio) y una nueva refinería de alúmina. A diez minutos hacia el sur, al borde del mar, la megarrefinería Queensland Alumina Limited (QAL). Más lejos, sobre la isla de Boyne, la fundición BSL que produce el 20% del aluminio australiano. Fin del panorama.
Una locomotora productiva
¿La caída mundial de la demanda de materias primas afectará a Gladstone, la gran beneficiaria del boom económico australiano, que descansó sobre la explotación de los recursos mineros? ¿Algunos economistas afirman que entre octubre de 2008 y abril de 2009 se perdieron doce mil quinientos empleos en este sector, de los cuales cinco mil corresponden a Queensland? Las minas del Bowen Basin, reservorio de carbón australiano, ¿cierran una tras de otra?
La calma reina en Gladstone: tantas minas hay y tan ávidas de energía están las acerías chinas; a pesar de la crisis, el carbón llega, el aluminio es producido, los barcos parten cargados hasta el tope, y todo continúa como antes.
La primera ministra de Queensland Anna Bligh y el primer ministro Federal Kevin Rudd, los dos laboristas, viajan y anuncian proyectos de relanzamiento de la economía y medidas de urgencia; la desocupación nacional supera el 5% (nivel más alto desde hace cuatro años). Pero no, es inútil, la gente de Gladstone encara el futuro con confianza.
En efecto, el lugar dispone de un puerto natural de alta mar protegido del océano por una isla; un clima cálido y seco y una buena posición en la red ferroviaria. Además de estas ventajas históricas, se están llevando a cabo importantes trabajos de construcción, como la expansión de la refinería de alúmina en Yarwun o como el nuevo puerto de carbón de Wiggins Island y la terminal de exportación de gas natural.
Como garantía suplementaria de seguridad, las autoridades estatales y federales dotaron a Gladstone de un organismo especial, el Gladstone Economy and Industry Development Board (GEIDB), encargado de conducir el desarrollo de la región. Según Gary Scanlan, director ejecutivo de este organismo, la ciudad puede enorgullecerse de un abanico de actividades único en Australia, fuera del noroeste del estado de Western Australia: “Y además… allí se trata de tres o cuatro áreas regionales: aquí de una sola región”.
El renombre industrial de la ciudad se volvió incluso una ventaja para el turismo: atrae a los grey nomads –jubilados que viven en camping-cars (casas rodantes) y viajan en función de las estaciones–, y se organizan visitas a algunos establecimientos. Tony Beers, representante local del sindicato más importante de Queensland, el Australian Workers Union (AWU), describe Gladstone como la locomotora productiva de Australia, una verdadera “Meca industrial”. Gracias a “su capacidad de adaptarse al cambio, la ciudad continúa creciendo y produciendo para Queensland y para la nación”.
Sin embargo, a pesar de los discursos que ensalzan la diversidad industrial, la fortuna de esta ciudad de cincuenta mil habitantes parece inextricablemente ligada, desde los años 60, a la de un metal, el aluminio y, más allá, a la de Rio Tinto, la empresa que lo produce. La bauxita descendida desde la mina de Weipa –en el norte de Queensland– hasta los barcos carboneros es transformada en alúmina en la refinería de QAL. Ese gigantesco conglomerado de edificios, tubos y crujías, de color rojo, desde donde se eleva una cantidad de volutas blancas, conforma una imagen dantesca y constituye, según sus propietarios, la “más importante refinería de alúmina en el mundo”.
La alúmina es convertida enseguida en aluminio en la fundición de Boyne que consume la mitad de la energía producida por la central eléctrica. El anuncio de trabajos para duplicar la capacidad de la nueva refinería de Yarwun, en julio de 2007, confirma el lugar que ocupa esta industria en la ciudad. Por eso el 7 de abril de 2009 fue recibida con consternación la declaración de Rio Tinto según la cual cerca de seiscientos empleos serían eliminados en la refinería de Yarwun y en la fundición de Boyne.
Recortes laborales
En Gladstone, la población masculina viste casi exclusivamente camisas celeste claro. Las de los obreros tienen bandas de velcro fluorescentes, como medida de seguridad; las del personal administrativo lucen el logo de su empleador. Cale Dendle, encargado de la comunicación en el Consejo Municipal luce una camisa celeste, como es de rigor: “Hasta el anuncio de los recortes de personal, muchos pensaban que se trataría de una pequeña sacudida más que de un gran shock; una cantidad de gente está sorprendida; esto va a tener repercusión”. La información sigue siendo confusa. El anuncio inicial decía que los recortes afectarían a quinientos setenta empleados que trabajaban para subcontratistas (contractors) y a quince permanentes en Yarwun y, además, a veinte empleados de la fundición de Boyne. Las cifras definitivas podrían ascender hasta ochocientos o incluso mil cien empleados.
“Estamos acostumbrados a los vaivenes”, asegura Maxine Brush, miembro del Consejo Municipal. De hecho, la ciudad se construyó al ritmo de proyectos: la refinería de QAL, a fines de los 60; la fundición, a principios de los 80; después Orica, la renovación de la central eléctrica, la extensión del puerto, Cement Australia, por último Rio Tinto Yarwun: “Cada vez que llegó uno de estos grandes proyectos industriales, engendró un ciclo de boom and bust (crecimiento y quiebra)”, explica Scanlan.
En general, la actividad arranca, acelera progresivamente, alcanza su máximo nivel y luego aminora poco a poco hasta el final de la construcción. “En este caso –continúa–, en lugar de tener una desaceleración progresiva, fue ¡pum! El impacto proviene del carácter repentino de la decisión…”, y de la cantidad de empleados implicados: “quinientas personas es mucho”. Afecta directamente a dos mil personas y, en cuanto a los damnificados indirectos ¿quién sabe? Gary Thompson del Gladstone Observer, el diario local, estima que “aún si los contractors se van, los que se quedan van a estar subempleados. Ahora bien, hay una generación entera de la población que no tuvo nunca esta experiencia, hace quince años que no hay una crisis”.
En el centro de ayuda social se tomaron medidas preventivas, comenzando por mantener una reunión de información. Una señora muestra un grueso fajo de folletos que serán distribuidos a los participantes (consejos legales, financieros, para parejas, locatarios, etc.) y sostiene un discurso familiar: “Nosotros ya conocimos esto”. Idénticas palabras en el sindicato de iniciativas; dice Sandra Wiseman: “¡ya conocemos los vaivenes! Algunos van a perder su empleo… pero eso tiene que ver sobre todo con los contractors que no son de la ciudad. Ellos tienen esa costumbre, lo toman en cuenta”.
¿Qué sucede con los principales interesados? Sin sorpresas, toman las cosas con un poco menos de filosofía, como lo afirma una camarera del club náutico. “Mi marido se salvó por un pelo –confía ella–. Pero muchos otros no tuvieron la misma suerte. Todo el mundo tiene miedo”. Y no todos los contractors son extranjeros. Para Bob, que trabaja para una empresa local de subcontratación “el 80% de la gente está sobre ascuas, sin saber lo que les depara el futuro”. Según él, la mayor parte del trabajo efectuado por las compañías subcontratistas depende de Rio Tinto: “Tenemos trabajadores que hacen el mantenimiento de sus máquinas. Cuando la actividad de Rio disminuye, la nuestra le sigue: el efecto va a repercutir desde lo alto hasta lo bajo de la ciudad”.
Por su lado, la dirección de Rio Tinto asegura que la baja del 60% del precio mundial de la alúmina no le daba opción. Los despidos apuntarían a reabsorber el endeudamiento contraído en el momento de la adquisición de Alcan, en Canadá, en noviembre de 2007. Un gasto de 38.000 millones de dólares que propulsó a Rio Tinto al rango de primera empresa de producción de aluminio del mundo. El grupo trató de obtener fondos del consorcio chino Chinalco haciéndolo entrar en su capital. Según el sindicalista Tony Beers, la dirección de Rio explicaba, en diciembre de 2008, que “si el convenio con Chinalco no fuera ratificado por el gobierno, ellos iban a tener que eliminar dos mil quinientos puestos en Queensland… ¡Un chantaje desvergonzado!”
Finalmente, los dirigentes de Rio Tinto establecieron una alianza con el anglo-australiano BHP, quitándole de ese modo un peso de encima al gobierno federal de Rudd, sinófilo prevenido y tironeado entre la preocupación de que Australia permanezca siendo el “zhengyou” (verdadero amigo) de China y la ansiedad de ver a Chinalco sentarse de los dos lados de la mesa de las negociaciones, como vendedor y comprador de materias primas (1).
El anuncio de este acuerdo trajo igualmente un gran alivio a Gladstone, pues corría el rumor de que la refinería Yarwun iba a ser cerrada. Las cosas no son quizás tan catastróficas como se pensaba después del anuncio oficial, explica Thompson: “Aunque algunos han perdido su empleo, la ciudad está lejos de estar de rodillas”. ¿Consecuencia principal de la crisis? La revelación de la situación de extrema dependencia de Gladstone respecto de Rio Tinto.
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Según Beers, el Gladstone Observer se resiste a publicar artículos críticos hacia el grupo industrial. “Rio” controla, en efecto, todo o parte de lo que se llama “los cinco grandes” (The Big Five) en Gladstone: la fundición de Boyne, las dos refinerías de alúmina, la central eléctrica, algunas minas de carbón. La firma emplea directamente una mayoría de trabajadores de la ciudad; indirectamente, todas las empresas locales están ligadas a ella. Se fundaron esperanzas de diversificación en la construcción de una terminal de exportación de gas líquido, aun cuando ésta recién será inaugurada a fines de 2010 (2). Por ahora, el poder de Rio suscita malestar. “Hay mucha animosidad ahora –declara Thompson–, sin duda porque muchos consideran que Rio Tinto no respetó sus compromisos en cuanto a su identidad de empresa, que es la de ocuparse de la comunidad… Rio sólo se ocupa de Rio”.
Sindicatos diezmados
Lo que en Gladstone se llama el “modelo Rio” –relaciones directas entre el empleado y el empleador sin mediación de los sindicatos– representa, de hecho, la culminación de un proceso que empezó en 1993. Paul Keating, primer ministro laborista, y a favor del establecimiento enterprise bargaining (negociación industrial), suprimió en aquel entonces la capacidad de los sindicatos de negociar a nivel de sector industrial (industry bargaining). Tres años más tarde, el muy conservador John Howard llegado al poder insiste en esta vía: no se habla más de “industrial relations” (relaciones de sector) sino de “workplace relations” (relaciones en el lugar de trabajo).
Para que un sindicato fuera admitido en la empresa, hizo falta a partir de entonces que una mayoría de empleados hiciera la demanda. La introducción de los Australian Workplace Agreements (AWA), o contratos individuales, fue acompañada de ofertas salariales muy ventajosas para los que abandonaban la negociación colectiva; de esta manera fueron diezmados los sindicatos.
Al tomar el control de la Cámara Alta en 2004, los conservadores pudieron al fin aplicar por completo su programa, llamado Work Choices. Los derechos de los sindicatos a acceder a los lugares de trabajo fueron restringidos; las leyes que protegen a los empleados contra los despidos abusivos no se aplicaron más que a las empresas de más de cien asalariados. Los trabajadores que se negaron a firmar un AWA pudieron ser despedidos a continuación bajo el pretexto de “razones operacionales”.
Beers sostiene que sólo existe un único acuerdo colectivo en todo Galdstone, en QAL: “En Boyne y Yarwun, se hace saber más o menos abiertamente a los obreros que, si intentan sindicalizarse, perderán el empleo”. Subraya sin embargo que Gladstone fue uno de los lugares privilegiados de la resistencia contra Work Choices: seis mil personas manifestaron contra esta reforma, cuyo rechazo contribuyó a la caída del gobierno de Howard en 2007.
Un nuevo código de trabajo llamado Fair Work fue adoptado por la iniciativa de la ministra de Educación y de Empleo Julia Gillard, número dos del actual gobierno. En adelante basta con que un solo empleado lo solicite para que los sindicatos puedan acceder al lugar de trabajo, y la protección contra los despidos abusivos se aplica a las firmas con más de quince asalariados.
Sin embargo, Rio Tinto usó plenamente todas las posibilidades del Work Choices. “Hasta hace poco –explica Thompson– los sindicatos no podían entrar en los establecimientos para ver lo que pasaba, para negociar con los cuadros. Debían discutir con los muchachos afuera… Es la primera vez después de cinco años que están autorizados a ingresar en la fundición de Boyne, a cruzar la ‘cortina de hierro’”.
Jim, a quien conocimos en el avión, es un contractor llegado hace algunos días a Gladstone desde Tasmania para efectuar trabajos de mantenimiento en la fundición: afirma que él y sus colegas deben usar la camisa de los empleados de la fundición cuando se pasean por la ciudad. “¿Por qué? No sé. Quizás no quieran que se sepa cuántos trabajadores independientes trabajan allí…” En efecto, muchos empleados que rechazaron los AWA fueron obligados a convertirse en contractors. En Gladstone, Rio Tinto favoreció su reclutamiento, o el de los sub-contractors, y la firma entonces no se hace responsable de sus vacaciones o de su salud, ni de los costos ocasionados por su despido.
La universidad también está bajo su influencia. La Central Queensland University incluye un centro de investigaciones sobre ingeniería de metales livianos, el Process Engineering and Light Metal Center (PELM) cuyos programas son desarrollados en colaboración con las firmas con el fin “de mejorar de manera concreta sus operaciones” (3). Pero el compromiso de la industria no se detiene allí. Por ejemplo, el Leo Zussino Building (4) abriga un centro de conferencias, la oficina del jefe del campus… y Rio Tinto-People & Organisation Support Capability Development. El edificio alberga igualmente el centro del carbón limpio (Gladstone Centre for Clean Coal). En el hall de entrada, un modelo reducido con efectos sonoros impresionantes representa, en tres partes, la historia del carbón. De la época prehistórica al período contemporáneo, en el que se descubre un puerto que se parece terriblemente a Gladstone e informa a las visitas que la utilización del carbón para la generación de electricidad se vuelve “cada vez más eficaz, con emisiones menos peligrosas”.
El barniz de Australia
El alcalde conservador de Gladstone, George Creed, se pronunció públicamente contra el proyecto del gobierno federal de instaurar un mercado de las emisiones de carbón, la Emissions Trading Scheme (ETS) de acá a 2010. Según él, ese programa correría el riesgo de comprometer el futuro de la ciudad en un momento particularmente poco favorable: “Esperar un año o dos no hará mal a nada ni a nadie mientras que crearlo ahora representaría una gran desventaja para nosotros” (5).
En el Consejo Municipal, las opiniones están divididas. Para Dendle, el “mercado es un mecanismo de control que ha dado pruebas de su eficacia”. Por lo tanto, ¿tendrá impacto sobre ese pretendido problema? Dendle se defiende en vano de ser un “escéptico”; de todas maneras se pregunta si existe “un problema causado únicamente por la actividad humana. ¿Australia está en condiciones de cambiar algo? Para mí, el debate es todavía ése”. La consejera municipal Maxine Brush apoya el mercado del carbón, pero manifiesta dudas en cuanto a la eficacia de los mecanismos propuestos. El programa hace importantes concesiones a los productores de carbón (6). No es por otra parte la única contradicción de la política medioambientalista del gobierno de Rudd (7).
En proporción a su población, Australia figura entre los países más contaminantes del mundo (8). Ahora bien, el gobierno quiere aumentar masivamente las exportaciones de carbón. En 2008, Peter Garrett, ministro federal de Medio Ambiente, justificó la decisión de acrecentar la capacidad del puerto de Gladstone: “Nosotros tenemos una industria del carbón muy importante en términos económicos, fundamentalmente en términos de empleo”. El ministro Garrett afirmó que, claro está, los impactos sobre el medio ambiente habían sido tomados en cuenta, que el gobierno apostaba a programas de carbón limpio y más aun sobre las tecnologías de captura y de secuestros de carbono (9). Tales tecnologías serían operacionales, como muy pronto, en 2015-2020. No están capacitadas entonces para contrabalancear el aumento masivo de emisiones de carbón que Australia exportará mientras tanto.
Satisfechos de la tasa de reciclaje de botellas de cerveza y de la instalación de paneles de sol sobre sus casa, los australianos no tienen nada que decir… hasta la próxima sequía. Chambers, de la AWU, declara lo siguiente: “Yo llegué a Gladstone en 1967-1968, en el momento en que la refinería de alúmina acababa de ser construida sobre el emplazamiento de los antiguos mataderos. La universidad fue construida por el puerto. Sin el carbón, no estaríamos aquí… ¿A quién se le ocurriría quejarse del carbón?”.
Thompson explica que ciertamente el polvo de carbón es “una fuente de daño muy ostensible: no se pueden ignorar esos gruesos montones apilados del otro lado del río. Pero está lleno de polvillo blanco que flota en el aire y que la gente no ve…”. Subraya que “si la refinería de QAL fuera construida hoy, no estaría ubicada al borde del mar; se la instalaría en pleno campo (out bush)”. Lillian de Torres, investigadora en el PELM que conduce un estudio sobre los compuestos orgánicos presentes en las emisiones de las refinerías de alúmina de Gladstone, contó más de noventa, como la acetona o el tolueno; no desea sin embargo pronunciarse sobre su nocividad antes del fin de su experiencia, prevista para 2010.
En marzo de 2009, la Clean Air Society, una organización no gubernamental, mantuvo una reunión de información sobre la calidad del aire en Gladstone. Pero es, de hecho, la Agencia de Protección del Ambiente de Queensland –Environment Protection Agency (EPA)– la que financió el acontecimiento pues, según el profesor Doley de la Universidad del Queensland, miembro de la Clean Air Society, la EPA “no quería ser visible” y deseaba que las “cosas permanecieran informales”. ¿Por qué? Porque la gente de Gladstone, aun si están “mucho mejor informados que en otra parte”, deben ser protegidos de los efectos nocivos de una información demasiado completa sobre esta sociedad de riesgo de la cual son ciudadanos modelos.
Entre 1996 y 2004, se detectaron en Gladstone veintidós casos de leucemia linfoidea crónica, mientras que para una ciudad de esa dimensión en Queensland, la cifra habría debido ser de catorce (10). La EPA pretende publicar las conclusiones de su estudio en 2010. En cuanto a saber si las emisiones de las refinerías de alúmina podrían afectar la salud de los habitantes, el profesor Doley responde que algunas “inquietudes” fueron expresadas en el estado de Western Australia, en Weidoa, a propósito de los componentes orgánicos ligados a la actividad del refinado. “Al mismo tiempo –precisa–, es siempre difícil identificar las causas de los lugares en que hay cáncer.”
Para Beers, el sindicalista AWU, “es verdad que hay depósitos cáusticos y problemas de emisión en Gladstone”. Pero continúa: “Las empresas trabajan muy duro para corregirlos, y atacar a una sola industria es para mí un error… Bueno, hay grupos de presión minoritarios que generan un debate. Pero, voy a decirle algo: si usted va a Brisbane y se para en la esquina de la calle principal: ¿qué respira?”.
El periodista John Pilger escribía hace unos años: “El sol es el barniz de Australia” (11). La fórmula merecería figurar en un buen lugar sobre la fachada del Consejo Municipal de Gladstone. En esta ciudad de colores de tarjeta postal, la crisis financiera no corre el riesgo de hacer tambalear el acuerdo entre la industria y los sindicatos para producir siempre más. Para que los aviones del mundo sigan con sus vuelos, cada vez más alto, cada vez más lejos, el Golfo tiene sus monarquías petroleras y Gladstone, quizás sus cánceres. ¿Hasta cuándo? ♦
REFERENCIAS
(1) En marzo de 2009, el gobierno federal bloqueó la compra de Oz Minerals por China Minmental. Chinalco trata de implantarse en Vietnam, donde se localiza la tercera reserva de bauxita más importante del mundo. Véase Jean-Claude Pomonti, “Le Vietnam, la Chine et la bauxite”, Planète Asie, 3-7-09. En: www.monde-diplomatique.fr
(2) La compañía australiana BG anunció el 13 de mayo de 2009 un contrato de desarrollo con China National Offshore Oil Corporation (CNOOC).
(3) Richard Clegg, director del PELM, http://pelm.cqu.edu.ar
(4) Leo Zussino está al frente de autoridad portuaria, organización clave para el desarrollo de Gladstone, y es presidente del Gladstone Economic and Industry Development Board.
(5) Mathew Franklin y Lenore Taylor, “Labor heartland turns on ETS”, The Australian, Sydney, 17-3-09.
(6) Rosslyn Beeby, “Green paper gives coal power free pass”, The Canberra Times, 17-7-08.
(7) Laurence Mazure, “Une mafia de l’effet de serre pollue l’Australie”, Le Monde diplomatique, París, mayo de 2009.
(8) Anne Davies y Brian Robins, “Greenhouse gases: we are among worst polluters”, The Sydney Morning Herald, 15-11-07.
(9) Petrina Berry y Evan Schwarten, “Garrett defends increased coal exports”, The Australian, Sydney, 28-7-08.
(10) Melanie Petrinec, “Study of ‘chronic’ disease numbers”, The Gladstone Observer, Gladstone, 6-2-09.
(11) John Pilger, Distant Voices, Vintage, Londres, 1994.
*Investigador de la Australian National University, y de la Universidad de París-IV (Sorbona).










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