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Buena Literatura: La Caverna

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José Saramago. Editorial Alfaguara, 454 páginas

Cipriano Alvor, artesano de 64 años, es padre de Martha, quien está casada con Marcial. Se trata de una familia modesta que vive en un pueblo en el que, de repente, se empieza a construir un gran centro comercial.

La familia Alvor se había mantenido desde generaciones en la actividad de alfareros: artistas del barro. Nunca habían tenido apremios, sus creaciones eran bien consideradas, la gente las apreciaba y hasta el nuevo centro comercial, cada vez más inmenso, se las compraba.

Y así como ocurren las cosas en estos días de vorágine contemporánea, paulatinamente, el centro comercial siguió creciendo; Marcial, el hijo político, ingresó a trabajar en él y el negocio familiar, con lentitud pero sin pausa, dejó de ser tal y Cipriano y Martha Alvor tuvieron que cerrar la alfarería. Ya no más trabajo de barro, ya no más creación artística, ya no más artesanía. El gran centro comercial había decidido, sin sentimiento, la muerte de a pocos de la pequeña creación, del trabajo manual, en suma, el fin de una vasta tradición familiar.

Saramago, escritor de singular pluma y gran sensibilidad, con esta obra, cuyo nombre – La caverna– indica lo que quiere transmitir: el desigual enfrentamiento que genera el capitalismo, el ímpetu irresistible del mercado, la supremacía arrolladora del poder económico. En síntesis, el triunfo del fuerte sobre el débil.

El Nobel de Literatura, identificándose con los que menos tienen, con los servidores, con la autenticidad del trabajo y la creación artesanal, denuncia en este libro la deshumanización de la economía y el desinterés del mercado por el hombre y su familia.

La caverna, entonces, representa, en el género de la creación literaria, una descarnada denuncia a la economía deshumanizadora de nuestros tiempos.

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